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Última actualización 27/02/2017
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Bosquejo histórico

Historia de chiclana

     La presencia del hombre, en el actual municipio de Chiclana de la Frontera, se remonta  al período del Achelense y de manera continua hasta la Edad del Bronce. Son varios los yacimientos arqueológicos que así lo atestiguan como: el poblado de la Mesa, el litoral y la zona de la Loma del Puerco, la zona de la  Esparragosa  y la ribera del río Iro. Los primeros viajeros de la Antigüedad, los fenicios, descubrieron nuestras costas hacia el final de la Edad del Bronce erigiendo en la isla de Sancti Petri  un templo dedicado a su dios Melkart.

     Tras los fenicios arribaron los griegos hacia el 594 a. C. usurpando a los fenicios el monopolio de la ruta comercial de los metales, pero fueron los cartagineses, con su presencia militar, los que se establecieron en estas latitudes, fundamentalmente en Gadir.

     La dominación y colonización romana, dejará su huella  en el término chiclanero en la zona de El Fontanal y en el litoral y, resurgirá el culto en el templo del islote de Sancti Petri dedicado al dios-héroe, Hércules.

    A partir del siglo IV de nuestra era, los restos arqueológicos son escasos, salvo pequeñas excepciones como los encontrados en la Mesa, del período medieval árabe. Así, se desconocen noticias históricas desde las invasiones germánicas hasta la reconquista. No obstante, sí existen datos históricos y revelan que, en la Alta Edad Media, Chiclana fue pueblo de frontera entre cristianos y musulmanes. De la misma manera existe constancia escrita y documental de la formación del señorío de Chiclana tras el asedio de la plaza de Tarifa en 1294 por los benimerines y la gesta heroica de Alonso Pérez de Guzmán "El Bueno". El 15 de mayo de 1303 el rey Fernando IV dona a Guzmán "El Bueno", la aldea yerma de Chiclana.  

     El descubrimiento de América supuso para la villa el inicio de una creciente economía de mercado, destacando la comercialización de los productos del lugar, fundamentalmente el vino y el aceite. Así, en la Edad Moderna, Chiclana pasará de ser una villa pequeña, a  una entidad urbana homogénea.
El crecimiento de la población será continuo desde 1507 y  no decrecerá hasta la crisis demográfica de 1571 y comienzos del siglo XVII. En dicho siglo y en el siguiente, las epidemias  fueron en aumento, aunque la  más devastadora fue  la del año 1731. Su proximidad a Cádiz, su clima benigno, típicamente mediterráneo, además del trato amable de sus gentes harían de Chiclana, el lugar escogido por la clase acomodada de Cádiz para su descanso. Todo ello unido a su condición de ciudad abastecedora de productos de sus campos y huertas, incidirán  positivamente en  el desarrollo de la Chiclana del siglo XVIII. Íntimamente ligado a este comercio se encontraba el viñedo, que ya despuntaba en el siglo XVI, aumentando su producción con la expansión de nuevas zonas y la exportación de sus caldos a Europa y a América.

     Durante el siglo XVIII, la ciudad irá tomando un aspecto urbano. Así, su actual casco antiguo data de éste período con importantes edificios civiles como la Torre del Arquillo del Reloj y los palacetes de los Conde del Pinar, el de las Cinco Torres y la casa del Conde de la Torre. En el último tercio del siglo dos obras arquitectónicas de carácter religioso se erigirán sobre la ciudad: la iglesia parroquial de San Sebastián y la Iglesia Mayor de San Juan Bautista. También siglo será rico en chiclaneros  sobresalientes. El magistral Antonio Cabrera, eminente orador y prestigioso naturalista y los precursores de la escuela taurina chiclanera, José Cándido y su hijo Jerónimo José Cándido.

     El siglo XIX, comienza con una terrible epidemia de fiebre amarilla, que paralizará la construcción y mejora de la ribera del río, de los caminos y de los canales fluviales. Uno de los grandes proyectos de aquellos años sería la construcción del balneario de Fuentemarga, pero la invasión napoleónica iba a dejar inacabadas las obras, mientras la villa se convertía en  un gran campamento militar de las fuerzas que sitiaban a Cádiz.

     El 5 de marzo de 1811 tiene lugar la batalla de Chiclana o de la Barrosa, entre tropas aliadas hispano-británicas y francesas y cuyo objetivo principal era levantar el asedio a la capital gaditana. Tras veintidós meses de ocupación francesa, en agosto de 1812, la ciudad retoma la vida diaria en libertad.

     En el segundo tercio de  siglo, Chiclana verá triunfar a tres de sus grandes hijos: Juan de Dios Álvarez Méndez "Mendizábal", Antonio García Gutiérrez y Francisco Montes Reina "Paquiro". El primero como presidente de un gobierno liberal, el segundo como poeta y dramaturgo romántico y el tercero como máxima figura del toreo. En el transcurso del siglo, la economía chiclanera encontrará su momento importante recién comenzado el último tercio del mismo. Es un período de ares y mares que culminará con la concesión del título de ciudad por el rey Alfonso XII en agosto de 1876. Unos años más tarde, en 1884, el marqués de Bertemati fundará, a seis kilómetros del núcleo urbano, la Colonia Vitícola de Campano; un ensayo de modernización  agrícola aplicando los adelantos tecnológicos de la segunda revolución industrial y una experiencia social y humana novedosa para los colonos. La colonia obtiene en 1895, una medalla de oro en la XIII Exposición Universal Vitivinícola de Burdeos con uno de sus caldos nacidos en ella: el vino tinto "Rouge Royal".

     La entrada en el siglo XX no será fácil para sus habitantes; la aparición en el viñedo de la filoxera y su consiguiente crisis económica y social harán de éstos, unos años perturbadores en lo social, en los que Chiclana  logrará superarse y sobrevivir. Ante la inquietante coyuntura socioeconómica, se formarán las primeras organizaciones anarcosindicalistas y años más tarde, en 1914, un sacerdote ejemplar, el Padre Salado, fundará el Sindicato de Obreros Viticultores de Chiclana.

     Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial y el aumento de la inflación, se declaran nuevas huelgas volviendo a la lucha las organizaciones sindicales anarquistas. En 1923,  la UGT se implanta en Chiclana. El sentir republicano y el fin de la dictadura primorriverista en 1929, acabará con la monarquía alfonsina dos años más tarde.

     El advenimiento de la República y sus intentos de elaborar una Reforma Agraria provocará un inusitado interés en muchos de los jornaleros chiclaneros, pero el fracaso republicano en ella y la sublevación de julio de 1936, desembocará en una guerra civil que terminará con las escasas expectativas despertadas por la República. Una guerra fraticida y una dictadura de casi cuarenta años modificarán el campo de Chiclana en el transcurso de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, un pueblo que durante siglos había subsistido  casi exclusivamente del viñedo como monocultivo, cambiará su modo de producción en la década de los años 70 con la aparición de la crisis agropecuaria y la de las salinas, otro de los cultivos ancestrales del término municipal. Al mismo tiempo, la crisis energética conllevará a modificar las actividades económicas y  Chiclana iniciará un nuevo período de desarrollo, transformándose en una ciudad industrial y de servicios, mientras disminuía ostensiblemente el cultivo de la vid. Esta incipiente industria se verá incrementada con el sector de turismo y ocio. Los años 80 y 90, serían años de consolidación de ambos sectores y será cuando la ciudad experimente un importante progreso económico, social, cultural, educativo y demográfico. En los años siguientes, se incrementará la oferta industrial con nuevos polígonos industriales para la mediana y pequeña industria, así como la construcción de diversos hoteles y campos de golf, en el sector del turismo.

     Todo ello conjugado con un casco histórico en vías de rehabilitación, la creación de espacios naturales protegidos, el respeto al medio ambiente, la recuperación del poblado marinero de Sancti Petri y un desarrollo sostenible propio de ciudades que miran al futuro con respeto y sentido de la responsabilidad, hacen de la Chiclana del siglo XXI, una ciudad con miras de futuro donde convivan en armonía sus hombres y mujeres y la naturaleza.

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